«El concierto de mi vida»: Los Prisioneros en Talca

Blog, Crónica

(Por: Francisco Toloza)

Corría el año 2001, yo estaba en el 1° medio C del Liceo de Niñas de Talca, liceo a-9. No éramos más de 6 hombres en cursos de 45. Algunos preferían llamarle Liceo Marta Donoso Espejo, porque estudiar en el “Liceo de niñas” era motivo de algunas bromas. A mí nunca me incomodó, yo estaba orgullo de estudiar ahí. Fue un cambio abrupto pasar del Colegio Santa Ana, establecimiento particular subvencionado, de curas y solo hombres, a estar en una “escuela numerada” tal como dicen en “¿Por qué los Ricos?”.

En ese entonces, teníamos una banda (aún la tenemos), en donde por aquel tiempo hacíamos covers de la legendaria banda Los Prisioneros. Un día casi me desmayé al enterarme que se iban a juntar y, ¡harían un concierto en el Estadio Nacional! Yo conocía muy poco de Santiago y me parecía una ciudad tan lejana y ajena a mi realidad, tenía familiares ahí pero no estaba en mis manos poder viajar. Tampoco tenía el dinero, ni me darían permiso. No sabría cómo llegar al Nacional. No había forma, nunca estuvo en mis posibilidades.

Con mis amigos éramos realmente fanáticos de Los Prisioneros, copiábamos sus cassettes. Mi papá nos armó una batería con tarros de leche nido y yo partía con una guitarra acústica, el único que tenía un instrumento real.  Cuando cumplí 15 años, una compañera del liceo me regaló el “Grandes Éxitos” con carátula de colores, no era el original, pero para mí siempre lo fue. Ese disco si no me equivoco tenía “Que no destrocen tu vida”, “La voz de los 80’” y un popurrí de éxitos. No me imagino cuantas veces lo escuché, me da un poco de vergüenza llegar a pensar en eso.

Luego de unos meses, pasó lo que tenía que pasar: “Los Prisioneros en Talca” estuvo próximo a ser una realidad. Me preparé con mi hermano menor (baterista de la banda) y mi madre. El concierto fue un 25 de marzo del 2002. Un día inolvidable, del cual ya han pasado 20 años. Fue la única vez que pude ver a mi banda favorita de todos los tiempos. Ese día sin duda fue el concierto de mi vida, donde nunca más pude sentir una emoción que llegara a todo el cuerpo.

Recuerdo que aquel día llegamos a las 8:00 a.m. al Gimnasio Regional de Talca. En mi mente de adolescente, estaba la idea de que ya habría 100 fanáticos/as igual que nosotros, entonces había que ir rápido y corriendo (en lo posible). La realidad era que, para mí fortuna, a esa hora superábamos las 5 personas. Mi mamá llegó con sanguchitos al mediodía para poder resistir esas casi 12 horas en la fila. A las 3 de la tarde la fila ya superaba las dos cuadras. No me importaba haber hecho el ridículo, yo estaba feliz. Ahora con el tiempo me río de la inocencia, pero lo volvería hacer cien veces más.

Las horas previas al show, y ya en primera fila, fue de un nervio y una ansiedad eterna. Cuando salieron al escenario fue mágico, sentí una adrenalina a mil por hora. Partieron el concierto con el clásico “Sexo” y yo con la boca abierta, el Gimnasio Regional se vino abajo y quedé pasmado sin poder gritar ni cantar. Me aferré a la reja unos segundos eternos, que deben haber sido mínimo 3 minutos que duró ese tema. Y luego, Jorge presentó la siguiente canción: “Latinoamérica es un Pueblo al Sur de Estados Unidos”. Yo no la conocía, esa canción no estaba en el cassette de Grandes Éxitos. La letra y la música me volaron la cabeza.

Los Prisioneros en el frontis del Gimnasio Regional de Talca, año 2002. René Jara León

Creo que en la primera mitad del concierto el nudo en la garganta nadie me lo sacaba. En esos años para mí cobraba más fuerza la frase “los hombres no lloran”, así que menos lo iba hacer por ver a un grupo de música. Ahora ya no es lo mismo, hace unos meses me la lloré toda viendo a Fito Páez, y me permito sentir más y que las emociones hagan lo suyo.

Si no me equivoco, el concierto terminó con “Generación de Mierda”, aunque no estoy seguro. “Nunca quedas mal con Nadie” fue otra canción que me dejó un momento difícil de olvidar. Esa energía en la interpretación de Jorge, la actitud de guitarrista rebelde de Claudio y la seguridad de Miguel en la batería, me marcó hasta el día de hoy.

El trío san miguelino es una de las bandas más influyentes en la música chilena. Para mí, son mi identidad. Es como decir “Talca” o “Población Astaburuaga” (en mi corazón), son sinónimos. En la actualidad no escucho muy a menudo Los Prisioneros. No están en mi playlist, pero sí en mi cabeza, mi forma de ser, de hablar, de expresarme.

Por ahí, en alguna entrevista que vi, Jorge González dijo algo así como “Mi Barrio es mi país” y es verdad, el resto son solo instituciones. Los amigos y amigas son lo importante, la pobla, la solidaridad de clase, lo cotidiano.

A propósito, mi banda se llama Brigada de Negro, si es que quieren conocerla. Aunque, como ya sabrán, ya no tocamos con los antiguos tarros de leche nido.

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