No siempre para los foráneos fue tan fácil como mirar los letreros con los nombres de las calles y hacer un simple cálculo matemático para saber cuánto le faltaba para llegar a una dirección en específico.
Es que no siempre la ciudad de Talca tuvo sus calles numeradas. Antes, cuando las calles todavía eran adoquinadas, había nombres que honraban a santos (u órdenes religiosas), próceres y vecinos ilustres de la comuna, como es habitual en distintas ciudades de nuestro país.
En su libro “Historia de Talca”, el escritor e historiador talquino Gustavo Opazo Maturana (1942) menciona que “las calles que cruzaban la ciudad de Talca, no tuvieron más designación que aquella que la costumbre les fue dando. En la colonia era generalmente la habitación de una familia o convento la que servía para su orientación; así tenemos las calles de Cienfuegos, Cruz, Baeza, Santo Domingo, San Juan de Dios, etc. Estos nombres se mantuvieron hasta 1869”.

En Talca, de norte a sur, se hallaban las siguientes calles: San Ignacio, San Francisco, Cienfuegos y Cruz, que desemboca en la plaza, Independencia, Unión, Liceo, Carmen y San Luis. De Oriente a Poniente, se encontraban Barraza, Baeza, Molina y Gamero o Comercio, que desembocaban en la plaza; San Juan de Dios, Merced, O’Higgins y Carrera.
Fue el regidor Daniel Barros Grez en el año 1869 quien instauró la numeración que hoy todos los talquinos y talquinas conocemos. Tras su decisión estaba el anhelo de hacer de la ciudad de Talca la única de Sudamérica que tuviera este sistema que se había instaurado en los Estados Unidos.

En sesión de 27 de noviembre de 1869, la Municipalidad aprobó un reglamento por el cual se ordenaba numerar las calles y casas de Talca. Para la numeración de las calles se tomaba como punto de partida la Plaza de Armas y los puntos cardinales.
En el plano de Talca, levantado en el año 1872 por el ingeniero Crisóstomo Erazo, ya se encuentran las calles designadas con esta nomenclatura que perdura hasta el presente.
